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Carta a una esposa

Como explicarle a mi esposa que el ciclismo es parte de mi alma.

Ing. José Marvin Monge |
Carta a una esposa

Mi amor, hoy quiero ir a pedalear de nuevo, pero veo en tus ojos la censura callada de dejarte sola. Por favor no me juzgues, no es que no quiera estar contigo, la verdad me gustaría que vinieras, pero reconozco que no te gusta y te respeto. Sé que por más que insista en tratar de que comprendas el afán que me embarga al ir a pedalear, no lo vas a entender. 

Déjame explicarte porqué lo hago 

Me encanta la bicicleta porque es el juguete que me transporta a ese gran juego que es salir a pedalear y sentir el placer de la libertad. La verdad, nunca me siento más vivo que cuando subo a mi bicicleta.

Siento en el alma ese amor por los espacios abiertos, por el viento en la cara, la fatiga y la aventura. Necesito un lugar lejano, con agua y viento, descuidar parte de mi aspecto rutinario, sentir el cansancio, el sol y hasta el frio. Quiero ver un río, el mar, las plantas, animales, flores silvestres, barro, piedras y tantas cosas que ya ni recuerdo.

Quiero sentarme y reír con mi compañero de pedal antes de mi retorno a casa.

Quiero imaginarte esperando cariñosa mi regreso con una sonrisa y preguntándome "como te fue hoy". Estoy seguro que te encantará escuchar mi historia, porque que vengo feliz, hipnotizado y con una paz única.

Cada fin de semana pienso y digo que este será el mejor entrenamiento que voy a realizar, aunque probablemente la próxima semana volveré a decir lo mismo. Creo que nací en una época equivocada, donde el triunfo del hombre se mide en plástico de tarjetas de crédito, donde el frío se regula con un termostato y el calor del verano no existe al conectar el aire acondicionado. 

Nací en épocas de tradiciones y luchas donde se conocía el valor de todo y el precio de nada. Pero cuando subo en mi bicicleta, mi amor, me alejo de este mundo de bocinas, de humo venenoso, me alejo de la comodidad, del lujo y de la televisión que idiotiza. Aunque en la realidad de mi vida cotidiana me toca aceptar las reglas del juego, las reglas de la rutina, las reglas de mi otra vida. He madurado y aprendí a vivir en ese espacio de locos, rutas y caminos. 

Pero hoy déjame escapar una vez más.

Te pido que no veas mi bicicleta como un artefacto que me pueda quitar la vida o como un instrumento de muerte, porque realmente ella me da vida.
Ya sabes que nunca me siento más vivo que cuando subo en mi bicicleta. 

En mi vejez, es verdad que cuando ya no pueda hacerlo, estaré por ahí sentado al sol, donde me pongan las cariñosas manos de nuestros hijos o las suyas, y verás que una sonrisa lejana se va a dibujar en mis labios secos, ya que estaré recordando alguna ruta. Porque la vejez es inevitable.

Si me ves enfermo, abatido, solo y aburrido en mi silla, te ruego que pongas en mis manos ese casco, viejo y gastado, ya que al tocarlo y sentir sus formas intentaré recuperar en la memoria, los momentos ya idos.

Última actualización: 27/12/2022