Celina Fernández de Brealey: herencia, filantropía y memoria en tierras de Grecia
30 de julio día del voto femenino
Hoy en el Día del voto femenino, quiero como mujer griega y orgullosa de mi cantón y su historia recordar a Celina Fernández de Brealey.
En la historia profunda de nuestra Grecia, Costa Rica, se entretejen vidas y legados que merecen ser rescatados con respeto y asombro. Uno de esos nombres es el de Celina Fernández Salazar, viuda de Brealey, una mujer que heredó no solo tierras fértiles, sino también una convicción cívica y una vocación de servicio que la colocan como referente temprano del liderazgo femenino costarricense.
Celina nació en 1849, hija de Pío Joaquín Fernández Hidalgo y Carmen Salazar Aguado, ambos descendientes de familias influyentes de la Costa Rica republicana del siglo XIX. El patrimonio de su padre, en Grecia, que lo inició por allá de los años de 1860, incluía fincas en la zona de Santa Gertrudis de Grecia, (hoy, un sector de San Isidro), que posteriormente llegó a ser la Hacienda Victoria.
Esta hacienda, enclavada en una de las zonas más fértiles del Valle Central, albergó no solo cultivos sino también un ingenio azucarero, importado por su padre a finales de 1870, testimonio de la vocación agrícola e industrial de la región. Años después, alrededor de 1905, Celina, como heredera, sola y sin familia en Grecia, procedió a vender la finca —incluyendo el ingenio— al empresario Guillermo Niehaus, dando paso a nuevas etapas del desarrollo local. No obstante, su huella perdura más allá de lo material.
Celina se trasladó a vivir a San José, de forma permanente, y allí brilló como filántropa comprometida, al convertirse en la primera presidenta de La Gota de Leche, institución pionera en la atención infantil y materna en Costa Rica, fundada en 1913. Esta organización, dirigida por mujeres de la élite capitalina, conjugaba caridad tradicional y salud pública emergente. También tuvo un papel activo dentro de las Damas Vicentinas, reconocidas por sus obras en hospitales, hospicios y campañas educativas, lo que refuerza aún más su figura como una pionera del voluntariado social femenino.
El legado de Celina es doble: una herencia física, materializada en tierras que fueron sembradas, transformadas y luego vendidas; y una herencia intangible, tejida en gestos de cuidado, gestión filantrópica y solidaridad. Así como sus padres contribuyeron al orden social y productivo del siglo XIX, ella, desde la discreción de su tiempo, fue arquitecta de puentes sociales, no de piedra, sino de leche, educación y esperanza.
Hoy, cuando transitamos por las cercanías de la Hacienda Victoria, y observamos el cañaveral en la finca llamada El Celina, nos detenemos para pensar en que mujeres como Celina, tejieron silenciosamente la red de lo común. Su historia merece no solo un espacio en los libros, sino también en la conciencia viva de nuestra comunidad.
Su aporte en una época tan conservadora donde las mujeres tenían pocas oportunidades, la traigo a este presente porque mujeres como ella, abrieron camino a la participación de la mujer en el quehacer de nuestros pueblos.
Como mujer griega, en una fecha de tal importancia, me sumo para reconocer a una pionera que abrió paso al desarrollo de los pueblos azucareros de nuestra amada Grecia, y que sin duda representan las bases de un pueblo próspero que jamás podrán enterrar la memoria de quienes lo forjaron.
Como mujer, madre, profesional y mujer entregada a las causas sociales, la formación en la educación y sobre todo, alzar la voz por un pasado que jamás podrá dormir en el sueño de los justos,
Hoy invito a todas las mujeres Griegas a que seamos inspiradas por esta valiente mujer que dio todo por dejar una huella en la historia de su cantón, entregándose así misma al servicio de los demás
Última actualización: 31/07/2025







