Consejos para mantenernos jóvenes
“Para un ignorante, la edad es como el frío invierno; para el sabio, como una cosecha”. PROVERBIO JUDIO.
“Nadie es tan viejo como aquel a quien se le ha muerto el entusiasmo”. HENRY THOREAU
Debo confesar que soy un fiel admirador de la sabiduría de los mayores. Difícilmente tomo una decisión de esas que puedan impactar alguna área de mi vida, sin el consejo de alguien mayor. De hecho, tengo varios consejeros, tanto en materia de finanzas, como de familia, y en el campo espiritual, a quienes acudo a la hora de tomar tales decisiones. Pienso que eso ha sido uno de los factores para sentirme una persona exitosa, lógicamente sin dejar de lado el factor más importante de todos, como lo es la gracia que Dios ha tenido para conmigo. Me gustaría darle varios consejos para que usted, quien al rato podría ser mi padre, se mantenga joven, a pesar de su edad. Los aprendí de un buen amigo que admiro mucho y por el cual guardo un profundo respeto.
¿Quiere mantenerse joven?
I Consejo: Su mente no está vieja; por tanto, siga desarrollándola. Vea menos televisión y lea más. Pase más tiempo con personas que hablen de acontecimientos e ideas, en vez de hablar de las personas y de lo detestable que se ha vuelto la generación joven. A la gente les gusta estar cerca de aquellas personas que se esfuerzan por ser positivas a pesar de la circunstancia.
II Consejo: Su buen humor no se acaba; siga disfrutándolo. Me gusta estar con personas ancianas que todavía ven el lado risueño de la vida. Encuentran humor en las cosas. Pueden contar cosas magníficas. Disfrutan riendo a pleno pulmón. Usted se ve fabuloso cuando ríe, y eso le quita años. Le ayudará también a sacarle unas cuantas arrugas de la cara. Y hablando de esto, mírese en el espejo. Tal vez usted haría bien en cultivar un mejor sentido del humor.
Un conocido comediante solía decir que si usted no dejar salir una buena carcajada, ésta se le quedará dentro y eso le aumentará la cintura.
III Consejo: Sus fuerzas no se le han terminado; siga usándolas. No pierda la línea. Manténgase activo. Coma bien. Vigile su peso. Evite el aislamiento y la pasividad. Y mientras hace todo lo anterior, no se ponga a hablar de dolores y de sufrimientos. Deje de hablar de lo débil que se está poniendo, de cómo necesita de la ayuda de los demás. Haga lo que le digo, y manténgase haciéndolo.
¡Póngase en actividad! Suba las escaleras. No tome siempre el ascensor. Ejercítese. Manténgase ágil. Disfrute de la vida viajando. Tome algunos riesgos. Acepte los desafíos que le plantean las oportunidades. Diga que sí lo más que pueda. La gente le buscará cada vez más. Sus fuerzas no se le han acabado, a menos que usted les diga que se marchen.
A medida que los años se le acumulen, usted descubrirá que por haberse mantenido alerta y activo, continuará viendo la vida a través de nuevos ojos. ¡Siga estando activo! ¡Manténgase vibrando con la vida! ¡No sucumba a los sentimientos de auto conmiseración! Tan pronto como se sienta demasiado viejo para hacer algo, póngase a hacerlo. Tan pronto como se sienta con ganas de criticar, diga algo agradable de una manera agradable. Tan pronto como se sienta olvidado, envíe una nota alegre a un amigo.
A medida que los años comiencen a acumularse, digámonos a nosotros mismos: “Deja de preocuparte. Todo está bien. “¡No te desesperes!”.
Henry Thoreau escribió una vez: “Nadie es tan viejo como aquel a quien se le ha muerto el entusiasmo”. ¿No es maravilloso estar rodeado de personas mayores que siguen siendo contagiosamente entusiastas? ¿No es maravilloso verlas tener metas, sueños y objetivos tangibles que las mantienen emocionadas desde el momento que se levantan hasta que se van a la cama?
Las personas así son contagiosas.
El General Douglas MacArthur, conocido por su participación en las fuerzas aliadas durante
En el centro de todo corazón hay una cámara que lo graba todo; mientras reciba mensajes de belleza, esperanza, alegría, estímulo, usted se mantendrá joven. Cuando los cables estén desconectados, y su corazón cubierto con la nieve del pesimismo y el hielo del cinismo, sólo entonces habrá usted envejecido.
IV CONSEJO: Sus oportunidades no se han acabado; por tanto, siga buscándolas. Hay gente a su alrededor que podría necesitar una palabra de aliento, una nota de aprecio, una llamada telefónica suya, que les diga: “Te quiero, creo en ti, y estoy orando por ti”. Por tanto, hágalo. Las oportunidades de ayudar a los demás no se han acabado. No deje que sus temores le hagan mantener cerradas las persianas, ni que le lleven a echarle triple cerradura a la puerta de su cara. Si usted no está dispuesto a arriesgarse, comenzará a vivir con el terror de que alguien se va a aprovechar de usted. ¡Qué existencia tan espantosa! Sin tener que renunciar a las cosas fundamentales que le ofrecen seguridad, no viva sospechando siempre de los demás, pensando sólo en los peligros. Si lo hace, jamás se mudará de vecindario. Las oportunidades no se han acabado; siga buscándolas con vigor.
V CONSEJO: Su Dios no se ha muerto; siga sirviéndole y buscándolo con afán. El Dios viviente es siempre joven. El Señor Jesucristo es eterno y siempre oportuno. Siga disfrutando de un tiempo a solas con su Señor. ¡Esto es importante!
Me gusta esta oración, la cual se dice que fue escrita por una monja del siglo XVII:
“Señor, tú sabes mejor que yo misma, que estoy envejeciendo y que algún día moriré. Protégeme de hablar demasiado, y particularmente del hábito fatal de pensar que tengo que decir algo de cualquier tema y en todas las oportunidades. Libérame del deseo vehemente de tratar de ordenarle la vida a todo el mundo. Mantén libre mi mente de la exposición de detalles interminables, dame alas para ir al grano de las cosas. Te pido la gracia suficiente para escuchar las historias del dolor ajeno. Éstas son cada vez más abundantes, y mi amor por ocuparme de ellas se hace cada día más dulce con el paso de los años. No me atrevo a pedirte que me mejores mi memoria, sino que me dés más humildad y me hagas menos segura de mí misma cuando mis recuerdos parezcan estar en conflicto con los recuerdos de los demás. Enséñame la gloriosa lección de que en ocasiones puedo estar equivocada. Mantenme razonablemente indulgente. No quiero ser una santa -es muy difícil vivir con algunos de ellos- porque una vieja (o un viejo) amargada (o) es una de las mayores obras del diablo. Hazme reflexiva, sin ser adusta; útil, sin ser mandona. Con mi vasto caudal de sabiduría, parece una lástima no utilizarla; pero tú sabes, Señor, que quiero unos pocos amigos al final. Dame la capacidad de ver cosas buenas en situaciones imprevistas, y talentos en personas insospechadas. Y dame, Señor, la gracia de decírselos.”
Usted ha vivido lo suficiente para saber que no hay nadie más fiel que el Señor. Por tanto, siga cultivando una relación significativa con él.
Búsquele siempre con ahínco. Manténgase activo en su servicio. Asista a una iglesia. ¡Cuántos canales de servicio hay para los que están dispuestos, para los que tienen actitudes positivas, y para aquellos cuyas mentes se mantienen activas y alertas! A esos que pintan canas, en este mes dedicado al adulto mayor, mi admiración y respeto. Les deseo una vida abundante, llena de bendiciones.
Última actualización: 02/11/2022







