Costumbres y Tradiciones
A estas alturas del siglo veintiuno, todavía encontramos personas que opinan que el alcoholismo es una “sinvergüenzada”, lo cual es respetable, pero estoy seguro que los que así opinan, nunca se han preocupado por conocer lo que dice la medicina, la psiquiatría o la psicología.
Existen muchos factores que pueden incidir para que una persona pase de tomador o tomadora social, a dependiente de la droga. Y si digo droga, es que para mí, el alcohol es un alucinógeno más, solo que los cantineros pagan y manejan una patente para poder distribuirlo.
En mi caso particular, el detonante fue el quedar huérfano de madre a los 6 y medio años de vida. Esto es algo que tengo totalmente claro. La ausencia de mi madre formó en mi vida un enorme hueco, el cual traté de llenar con licor.
Para otros, el motivo para tomar puede ser la traición, la pérdida de la familia, el fracaso económico, la soledad, el desequilibrio mental y otros muchos factores, incluyendo la pérdida de valores, lo cual lleva a las personas hasta la indigencia.
El alcoholismo es una de las enfermedades más desconcertantes. A unos los vuelve tan valientes, que pelean con cualquiera, mientras que a otros los hace sentirse como tres grados bajo “perro”.
Hay quien ocupa unos tragos para bailar o para hablarle a una dama. También hay hombres que tornan agresivos, especialmente al llegar borrachos a su casa y trauman a su esposa y a sus hijos. El alcohólico puede ser extrovertido o introvertido, puede llorar o cantar al estar tomado, así como también, defiende a capa y espada su derecho a ingerir licor.
Desconozco si existe una explicación suficientemente clara, que lo explique, o que sea fácil de entender, pero el tomador, en determinado momento cruza un punto desde el cual ya no hay retorno, ya es alcohólica o alcohólico.
Lo más recomendable para la persona que ha llegado hasta ese lugar, es la abstinencia total, ya que de lo contrario, lo que logra es hundirse en su enfermedad.
Cuando la persona alcohólica acepta que no maneja la bebida y permite que se le ayude, ya empezó a ganar la batalla, por el contrario, si sigue pensando que sola o solo le puede hacer frente al problema, experimentará: una prueba más, un fracaso más.
Una persona alcohólica es un ser humano con un problema mental, físico y espiritual, aunque para muchos sigue siendo falta de pantalones. La que le pide que deje de tomar licor, puede ser la mamá, la esposa o sus hijos, pero las lágrimas de sus seres queridos no sensibilizan a la persona al punto de que deje o abandone la bebida.
Es importante reseñar, que las costumbres y tradiciones, así como los mitos y creencias, cambian de un país a otro o de un continente a otro. De esa forma podemos ver cómo para un jugador de futbol en Alemania es normal tomarse una cerveza después del partido, pero es una, no treinta como hacía yo.
La obsesión por la bebida es una idea fija en la mente de la persona. Puede parecer hasta extraño, pero desde que se está bañando, ya tiene en su cerebro el lugar donde va a ir a tomar, así como el tipo de bebida. También conozco personas a las que invitan a un matrimonio o a otra actividad, en la que no hay seguridad de la cantidad de licor que van a repartir; lo que hacen es pasar a la licorera a reforzar y llegar a la actividad ya un poco “calientes”.
Así que yo recomiendo, no menospreciar el problema del alcoholismo, no se debe jugar con la bebida, ya que nunca se sabe hasta qué lugar nos va a llevar. Yo puedo tener un criterio muy definido acerca del licor, pero el día de mañana se me muere un hijo o la esposa y puede que busque refugio en la bebida. Como decía un amigo mío, “yo tomo para ahogar las penas, pero es nadar también”.
Finalmente, algunas formas populares de llamarle a un trago, o a la persona tomada:
Al trago se le ha dicho farolazo, cuatro plumas, peina’o pa atrás (cuando es cacique), canfinazo, cuechazo, aguadulce, chirritazo, cuerazo o pedo’e chancho.
Al que anda tomado se le dice que anda alegrito, levantado, contentico, como el pichel de la Samaritana, que la anda viva, atajando la chancha o más alegre que un 24 de diciembre.
Recordar es volver a vivir.
Hasta la próxima.
Última actualización: 26/10/2022







