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Costumbres y Tradiciones

Ricardo Solano |
Costumbres y Tradiciones

En el mundo en el que vivimos, donde la tecnología ocupa un lugar preponderante, nos causa extrañeza el encontrarnos una persona que por ejemplo, no sabe leer ni escribir. Nos parece que eso no debe darse a estas alturas del siglo 21, pero sin embargo, la realidad es otra y yo lo he vivido con hermanos de Nicaragua, compañeros de trabajo.

Alguien dijo por ahí, que nadie sabe para donde va, si no sabe de dónde viene.

Hay personas que han tenido la oportunidad de prepararse académicamente, pero a lo mejor, en su familia, en sus antepasados, existieron personas que no tuvieron la misma suerte. En mi caso particular, resultó muy difícil el poder estudiar. Así que no veamos a nadie menos que nosotros, solo por el hecho de que no hayan podido estudiar.

Como ya lo mencioné, hoy todo es tecnológico. Si a una empresa, no importa su tamaño, o cuantos empleados tenga, se le cae el sistema, entró en un problema serio. Así es como vivimos hoy: cómputo, celulares, tablets, comunicación vía satélite, o sea, nuestro mundo se hizo chiquitito y especialmente la gente joven, sin su celular, no viven, se sienten como desnudos.

Así que aunque nuestras raíces sean puro piso de tierra, no debemos sentirnos menos que nadie y en nuestro país, la ley nos coloca a una misma altura, es mi concepto.

Por lo tanto, recordar a nuestra Costa Rica campesina, es un orgullo. Aquella gente que se acostaba temprano y se levantaba temprano. Los que vivieron sin refrigeradora, sin microondas, sin celular, sin televisor; lo más que tenían era un radio para escuchar rancheras en las primeras horas del día.

Tengo claro que para un muchacho o muchacha de 15, 16, 18 años de vida, ciertas palabras usadas por nuestros abuelos, son totalmente desconocidas.

Ellos decían acuantá, para decir antes, hace un rato. Si un hombre le pegaba a una mujer, le decían chuchinga. También decían butilla por botella. Está aclarando el día, cuando estaba amaneciendo. Los trastes, los utensilios  con los que se servía la comida. Métale ese tizón a la cocina, un pedazo de leña medio encendido. Ansina es, así es. Ese hombre es un gran chollado, el que no pagaba las deudas. Voy a esperar la cazadora, el bus. Amancebado era el que vivía en unión libre, o sea, juntado. Después, el taburete, la batea, una peseta, cuatro o seis reales, la comadre o basenilla, el fogón, tortilla palmeada, comerse un gallito, sacarse el clavo, comerse un puntal, darle un empujón, meterle el hombro, pasó a mejor vida, metió la pata, salió con su pata de banco y un sin fin mas de palabras que ya no se usan.

Yo le agradezco a mi papá, todo lo que me enseñó, respecto a la forma de vida de nuestros antepasados.

Una frase que era usada por ciertas personas, era, ¿cuál es su gracia?

Preguntaban por el nombre y apellido de una persona..

Así era la vida hace ya muchos años, cuando a la novia se le daba serenata y se acostumbraba hablar con el suegro para obtener permiso y visitar la novia en su casa. También era costumbre pedir la mano de la novia, algo así como el visto bueno para poder casarse.

Las cosas se compraban en libras, no en kilos y los peones del campo trabajaban hasta medio día, o sea, hasta las 12 del día.

En las cogidas de café se pagaba con boletos, eran unas rueditas plásticas o de hule, que el fin de semana en la casa del dueño de la finca, se cambiaba por dinero.

No hay duda, los tiempos, las costumbres y las tradiciones, van cambiando. Lo mismo pasa con el valor del dinero, se compra poco con mucho dinero, aunque lo más importante sigue siendo, que haya que comer.

Resumiendo, no es que vayamos a rechazar o a despreciar los avances tecnológicos, ellos son parte importante de la evolución humana, solo que no debemos olvidar nuestras raíces, nuestros ancestros, nuestro pasado.

Recordar es volver a vivir.

Hasta la próxima.

 

Última actualización: 23/03/2023