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Costumbres y Tradiciones

Ricardo Solano |
Costumbres y Tradiciones

Es bastante normal que un niño o una niña sean fantasiosos, porque aún con esa mente de niño, pueden pasar por esa cabecita cantidad de cosas, como por ejemplo: ¿Qué voy a estudiar? o ¿en qué iré a trabajar? ¿Con quién me voy a casar? ¿Voy a practicar algún deporte? ¿Cómo va a ser mi novio o novia? ¿Llegaré a ser un buen profesional? ¿Podré construir mi casa?, etcétera. Y no es necesariamente que los niños lo digan o lo manifiesten a los cuatro vientos, pero ¿cuántas de esas y otras cosas pasarán por esa mente que todavía está en desarrollo?  Ahora, importante no pasar por alto el hecho de que esas personitas pueden haber pasado hambre y frío, o como en mi caso personal, que perdí a mi madre cuando solo tenía seis años y medio de vida.

Cada uno de nosotros tiene y puede contar su propia historia, misma que desde luego, va a distar de otras.

En mi caso y en pocas palabras, mi mamá me hizo mucha, pero mucha falta. Solo a manera de anécdota les puedo contar, que al año siguiente de muerta mi mamá, empecé la escuela primaria. Yo era el chiquillo nervioso e inseguro de la clase. La víspera del Día de la Madre, mi niña Ana me la puso difícil. Ella tuvo una brillante idea, le dijo a la clase completa: “Chiquitos, hoy cada uno de ustedes va a pasar al frente y nos va a decir algo relacionado con su mamá”.

Pasó de primero mi primo Hugo, nos dijo que él quería mucho a su mamá porque le ayudaba con las tareas. Después pasó Juanita, quien manifestó amar mucho a su mamá que siempre le preparaba el uniforme. Así fueron pasando compañeros y compañeras de clase de mi inolvidable primer grado.

Yo como de costumbre, sentado al fondo, en el último pupitre del aula y cuando ya no faltaba ningún alumno, mi puse de pie lentamente, había que obedecer a la niña. Estando de pie frente a la clase, solo deseaba que me tragara la tierra y ni siquiera lo intenté, no pude articular una sola palabra. Desconozco si mi niña Ana esperaba que yo hablara de mi madre, recientemente fallecida de parto. Lo que recuerdo bien fue que cuando a ella le llegó corriente, en vista de que yo no decía nada, me tomó de la mano, me condujo hasta mi pupitre y luego me trajo un vaso con agua.

Empecé el artículo hablando de los niños, porque es una etapa de la vida donde se sueña. En mi caso, llegué a creer que podía volar y me vestía como Superman, de verdad quería imitar las aves. ¿Qué creen? Nunca volé. Pero como recientemente celebramos el mes de las madres, fue el motivo por el cual les conté la vivencia de mi mamá.

Ahora sí, hablemos de las madres.

Es un hecho que las hay de todo tipo, pero está en evidencia que el amor más sublime, más sincero, más honesto, más tierno, el amor de verdad, es el amor de una madre. Claro está que hay muchas, especialmente jóvenes, que se asustan con un embarazo no deseado y cuando dan a luz, tiran al bebé a un basurero, PERO SON LAS MENOS.

Lo mismo pasa con la mamá alcohólica o consumidora de drogas, lamentablemente son una vergüenza para esposo e hijos, PERO SON LAS MENOS.

Yo prefiero hablar de aquella mamá que se quita el bocado de la boca para dárselo a su pequeño hijo.

Es por eso que recomiendo a los que todavía tienen a su madre viva y viven lejos de ella, que hagan el esfuerzo y la visiten, cuánto diera yo por poder abrazar a mi mamá. Y esa mamita no les está pidiendo que le lleven un gran regalo, ustedes y esa visita es su más preciado regalo.

Ahora, si usted es de los que se toman sus traguitos, no la visite en estado de ebriedad, le va a causar mucho dolor y no habrá regalo que cubra su desilusión.

Y ya que di inicio al artículo hablando de niños, lo voy a terminar de igual manera.

Sucedió lo mismo que con mi maestra, niños y niñas debían pasar al frente de la clase, a decir algo relacionado con la mamá, solo que era una vivencia de la casa.

Todos se miraban pero nadie empezaba, hasta que pasó Pedrito y dijo: “Mi mamá me pidió que le hiciera un favor, yo lo hice con todo gusto porque madre solo una hay”. La siguiente fue María que dijo: “Ayer le ayudé a mi mamá en el oficio de la casa, lo hice con todo mi amor porque madre solo una hay”. El siguiente fue Juancito, como siempre risueño y alegre, se puso de pie enfrente de la clase y dijo: “ayer mi mamá me pidió que le sacara dos coca colas de la refri y yo le dije, mami solo una hay”.

Recordar es volver a vivir.

Hasta la próxima.

Última actualización: 23/09/2024