Salud

COVID-19, vacunas y teorías conspirativas (IV parte)

Dr. Julio del Llano González. / Méderi, Servicios Médicos/Médico Corporativo, Panduit de Costa Rica, Ltda/delllano@medicos.cr |
COVID-19, vacunas y teorías conspirativas (IV parte)

El físico más destacado y popular del siglo 20, Albert Einstein, tuvo que esperar 14 años para que una de sus más destacadas teorías fuese confirmada. Este judío, nacido en Alemania en 1879, funcionario en 1905 de una oficina suiza de patentes, publicó ese año en la revista científica Annalen der Physik cinco trabajos teóricos que son conocidos como los artículos del annus mirabilis, o “año maravilloso”. Uno de estos trabajos le valió el grado de doctor en física por la Universidad de Zúrich en 1906, y otro, el Premio Nobel de Física en 1921.

Einstein había postulado en 1905 la Teoría de la Relatividad Especial (y en 1915 la Teoría de la Relatividad General) en las que deducía teóricamente que la luz, con una velocidad constante de 300 mil kilómetros por segundo, podía desviarse ligeramente al pasar cerca del campo gravitatorio de un cuerpo celeste, por ejemplo, el sol. Esto contradecía la teoría de la gravedad o Ley de la Gravitación Universal, descubierta por Isaac Newton en 1687. Se cuestionaba teóricamente, aún sin demostración, una ley de la física consolidada y probada por más de 200 años. Muchos dudaron del ingenio de Einstein, sin embargo, durante un eclipse total de sol en mayo de 1919 y gracias al astrónomo británico Arthur Stanley Eddington, se pudieron fotografiar las estrellas cercanas al sol demostrándose que su luz se desviaba, era atraída este cuanto más cerca estaban de él. Se confirmaba entonces la predicción de Einstein y se abría una nueva época a la física, y surgía la cosmología como ciencia.

Traído este ejemplo a nuestra situación de Pandemia y a la investigación actual de las vacunas contra el COVID-19, podemos afirmar que los estudios sobre los prototipos vacunales ya han sido probados teóricamente en el laboratorio -fases I y II- y en la práctica -fase III- con la vacunación en grupos poblacionales específicos, y la certeza de una larguísima experiencia en la creación de vacunas (recordemos que las primeras vacunas fueron introducidas por un médico inglés en 1796, hace más de 200 años).

Amplias investigaciones publicadas en las prestigiosas revistas The Lancet, JAMA, Nature Medicine, entre otras, han confirmado que las vacunas contra el COVID-19 autorizadas para su uso de emergencia por la FDA, son seguras y producen muy pocos efectos adversos. Sabemos que la de Pfizer-BioNTech tiene un 95% de eficacia, la de Oxford-AstraZeneca 82,4%, la de Moderna un 94,1%, la de Sinopharm un 79,34%, la de Johnson & Johnson un 66,3%, y la de Sputnik-V un 91,6%. Esto significa que, aunque es posible enfermarse levemente con el virus a pesar de estar vacunados, estamos protegidos ante una posible hospitalización, complicaciones graves e incluso, la muerte.

Y esta efectividad también ha sido probada y se mantiene para la mayoría de las vacunas actuales ante las nuevas variantes del SARS-CoV-2.

La variante B.1.1.7, ukraniana, ha sido neutralizada por las vacunas mRNA, la AstraZeneca y la Novavax, además de en investigaciones de laboratorio y estudios clínicos randomizados; la variante B.1.351, sudafricana, por las vacunas Johnson & Johnson, mRNA y Novavax, además de investigaciones y estudios clínicos; la variante P.1, brasileña, por las vacunas mRNA, Sinovac y BBIBP-CorV; la variante B.1.526, newyorkina, por las vacunas mRNA e investigaciones de laboratorio; la variante B.1.429, californiana, por las vacunas mRNA; y la variante B.1.617, india, por la vacuna Bharat. En algunas de estas variantes (mutaciones) del coronavirus las vacunas bajan levemente su efecto neutralizador contra el virus pero no eliminan su eficacia antes la aparición de complicaciones y la posibilidad de producir la muerte en las personas enfermas de COVID. (ver: https://www.who.int/es/news-room/feature-stories/detail/the-effects-of-virus-variants-on-covid-19-vaccines)

De igual forma, y aunque se ha tratado de azuzar el miedo ante los posibles efectos adversos de cualquiera de las vacunas, lo cierto es que los más frecuentes son los del sitio de inyección en el brazo: dolor, enrojecimiento, hinchazón; seguidos por los del resto del cuerpo: cansancio, dolor de cabeza, dolor muscular, escalofríos, fiebre y náuseas, que podrían aparecer, sobre todo, después de la aplicación de la segunda dosis. Otros efectos secundarios, infrecuentes y graves, como la formación de trombos venosos reportados en personas jóvenes con la vacuna de Johnson & Johnson, que provocó una interrupción temporal del uso de la misma en Estados Unidos, tienen una bajísima frecuencia, 6 casos entre alrededor de 6,8 millones de dosis, un 0,00008%, sin que se haya corroborado una relación directa de causalidad entre la vacuna y este efecto indeseable.

Se ha dicho, con contundencia, que existe una probabilidad muchísimo mayor de tener una trombosis al tomar tabletas anticonceptivas (500 a 1200 personas por millón, de un 0,5 a un 0,12%), fumar (1763 personas por millón, 0,18%), o enfermarse de COVID (165 mil personas por millón, 16,5%).

Reiteramos, para finalizar, que no le tengamos miedo a las vacunas. Tratemos de vacunarnos lo antes posible. Contengamos la Pandemia. Evitemos muertes innecesarias. Mostrémosle la evidencia a las personas que puedan tener miedo, aclaremos sus dudas. No perdamos la posibilidad de salvar nuestras vidas y proteger a otros.

Es ahora o nunca.

Última actualización: 09/06/2021