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COVID-19 y la “tos de Perinto”, un poco de historia.

Dr. Julio del Llano González. / Méderi, Servicios Médicos. Médico Corporativo, Panduit de Costa Rica, Ltda. delllano@medicos.cr |
COVID-19 y la “tos de Perinto”, un poco de historia.

Lamentablemente, aunque con un profundo sentido lógico, las enfermedades a lo largo de la historia han estado relacionadas estrechamente con la existencia de la vida en todos los niveles. La paleopatología (ciencia que investiga con métodos experimentales la evolución histórica de las enfermedades en todos los seres vivos, desde los más primitivos hasta el hombre), demuestra que vida y enfermedad son dos fenómenos inseparables.

No ha existido, y probablemente no sucederá nunca, una “edad de oro” libre de dolencias. Se conoce, por ejemplo, que el fémur (hueso del muslo) del primer ejemplar conocido de Homo erectus que vivió hace unos 500 000 millones de años y fue descubierto en 1891, presentaba una tumoración; o que las piezas dentarias de los Australopithecus -homínidos de hace 3 millones de años- tenían trastornos como caries o defectos del esmalte; o que las subespecies fósiles del Homo sapiens encontradas del hombre de Neanderthal y el de Rodesia -especialmente los de la cultura egipcia- estudiadas en más de 30 mil momias, demuestran un amplio abanico de alteraciones de todo tipo: hereditarias, infecciosas, tumorales, inflamatorias, procesos degenerativos, entre muchas otras.
 

Y en el caso de las epidemias por enfermedades infectocontagiosas agudas, a la que pertenece la COVID-19 (acrónimo de CoronaVirus Disease 2019) ha sucedido lo mismo, aunque a diferencia de la paleopatología, lo que sabemos de ellas es a través de fuentes de información indirectas como los documentos de archivo, los estudios médicos y otras fuentes escritas.

Así se conoce, por ejemplo, que en el invierno del año 412 a.n.e. (antes de nuestra era), en la ciudad italiana de Grecia, los ciudadanos de la localidad portuaria de Perinto, rodeada por el mar de Mármara, comenzaron a tener síntomas respiratorios ligeros: tos seca persistente, dolor de garganta, dificultad para tragar, malestar de cuerpo, y dos síntomas inquietantes: parálisis de las piernas y dificultad para ver de noche. Rápidamente los síntomas se extendieron entre la mayoría de la población en lo que se considera, “la primera descripción por escrito de la gripe” en la historia de la humanidad. La misma fue detallada por Hipócrates de Cos (460 – 370 ane) en su llamado Corpus hippocraticum, donde se recopilan alrededor de 50 escritos médicos de más de mil páginas, anotados en dialecto jónico, y que los historiadores creen son una mezcla de las observaciones médicas del Padre de la Medicina y los seguidores de su escuela hipocrática.

Por aquella época persistía la falsa creencia -que incluso hoy pervive- de que el origen de las enfermedades era espiritual, una especie de castigo de los dioses por cualquier tipo de falta. “Los médicos eran en parte sacerdotes y en parte magos, y su función consistía en apaciguar a las irascibles divinidades con plegarias, conjuros y sacrificios”. Pero por suerte, otros médicos como el mismo Hipócrates -que fue además el primero en utilizar el término epidemia (literalmente, “enfermedad que afecta al pueblo”)-, creían que las causas de las enfermedades eran físicas y que se podían diagnosticar y tratar observando los síntomas de los pacientes.

Debieron pasar casi ¡25 siglos! para confirmarlo. No fue hasta 1931 con la invención del microscopio electrónico que se pudo observar que el “agente invisible” que producía enfermedades, se correspondía con un virus (el neerlandés Martinus Willem Beijerinck fue el primero en utilizar el término “virus”, que traducido del latín significa “líquido viscoso o veneno”).

Hoy, con el avance vertiginoso de la ciencia y la investigación, la humanidad está mucho mejor protegida, y creemos que el futuro será sorprendente en nuevos hallazgos. Por suerte, del quintillón de virus que existen en nuestro planeta sólo unos pocos son “malos” y atacan a la especie humana. Y aunque esta pandemia de COVID-19 ha sido devastadora, en comparación con las de siglos anteriores -como la “gripe española” de 1918, por ejemplo, que se calcula fallecieron entre 50 y 100 millones de personas, un 5% de población mundial para ese momento-, la pérdida de vidas humanas ha sido significativamente inferior: sólo un 6,1% de la población ha enfermado (480 443 251 infectados) y 0,1% ha fallecido (6 122 518 personas).

La vacunación (y las medidas de prevención) nos han salvado. A nivel mundial se han aplicado diez mil ochocientos setenta millones de vacunas (10 870 246 114), que, aunque sabemos no están siendo equitativas entre todos los continentes, si pensamos en el esquema de dos dosis, podría corresponderse con el 68,5% de la población mundial que ya se encuentra protegida.

Sigamos cuidándonos, la pandemia, al menos esta, ya casi acaba.

Última actualización: 28/03/2022