Columnistas

Crónicas desde el Pabellón de Mujeres de la cama 33 a 38 (II Parte)

Gabriela Ávila Vargas |
Crónicas desde el Pabellón de Mujeres de la cama 33 a 38 (II Parte)

Somos los descendientes de las generaciones que forjaron nuestro cantón. Hombres y mujeres esforzados y valientes que hicieron todo tipo de labores de campo; fraguando las bases de los privilegios que tenemos los griegos en la actualidad; uno de ellos es sin duda disponer de nuestro Hospital San Francisco de Asís, morada para la atención de la salud de la población directa y circundante, y la de uno que otro prójimo que por azar de la vida encontró donde calmar una dolencia inesperada.

Era proceder de mi abuelo materno Dimas Vargas Maroto, que “si uno hace las cosas, las hace con gusto y bien, o mejor no hace nada”; y “si algo se empieza se termina así sea a rastras”; solo hay que tener paciencia, solía decir. Como todo ser humano experimentaba frustración cuando por alguna razón una tarea planificada se salía de control en medio quehacer; una sospechaba que algo no muy bueno sucedía cuando empezaba con sus respiraciones profundas y rápidas, como decía mi abuela Elodia Hernández Esquivel “su abuelo ya está que bufa “. El no lograr avanzar como se había organizado, ver que el tiempo pasaba y todo esfuerzo parecía inútil, le generaba frustración ante los intentos fallidos por salir del meollo. Con las respiraciones algunas veces alcanzaba la calma.

En otras ocasiones cual sería el nivel de desgracia que experimentaba mi abuelo, que la única forma para alivianarse era decir a los cuatro vientos, a viva voz y sin contemplación alguna, “con todititos los diablos”, aun así, ayudado con sus respiraciones continuaba buscando solución. Desconozco de donde sabía mi abuelo cuantos eran, lo cierto es que la cúspide de su desespero era cuando decía “con los once mil demonios”, en ese caso ya no había duda; definitivamente el abuelo estaba que se reventaba del coraje, a lo que mi abuela con voz calma decía “¡mejor pídale a Tatica Dios que le ayude Dimas!, ¿porque tiene que llamar a todititos los diablos y demonios?”.  Era entonces cuando entre respiraciones y pasos agigantados él salía camino arriba desahogando su molestia, al tiempo regresaba calmado con alguna inventiva que le permitía encontrar la salida.

He comprendido con el paso de los años, que mi abuelo era todo un visionario, como muchos de los de su generación. La técnica de respiración que practicaba es lo que hoy en día los psicólogos suelen llamar “Técnicas de relajación”, difundidas por su éxito para controlar principalmente la ansiedad y estrés, desde el año 1929 por Edmund Jacobson. Su práctica permite alcanzar estados de relajación y comodidad.

En el San Francisco de Asís, dado el número de pacientes es comprensible que en algún momento se vean alterados los diferentes procesos que conlleva el brindar medicamentos a tiempo a cada uno. A veces surgen inconvenientes en el despacho, traduciéndose para el afligido paciente en un detonante de ansiedad que aumenta o disminuye dependiendo directamente del tiempo de espera.

Les comparto algunas “Técnicas de respiración del pabellón” identificadas y practicadas en persona y por compañeras de dolencia de la cama 34 y 37, quienes estuvimos de acuerdo en catalogarlas y describirlas así:

Respiración profunda baja: surge por estado de complacencia y gratificación. Suele presentarse cuando por una misma o con ayuda se logra minimizar inconvenientes para realizar asuntos básicos como levantarse de la cama, avanzar de la cama hasta la silla de ruedas, lograr llegar al sanitario, bañarse, regresar al pabellón, llegar a la cama y alcanzar una posición cómoda que permita cierto descanso con dolor tolerable.  Se hace uso de distractores como aparatos electrónicos, libros de pintar, entre otros, para distraer dolor. Es alcanzado con éxito al emitir un respiro suave, largo y profundo de complacencia que genera calma física y espiritual. Con una mirada de complicidad se regocijan los pequeños logros como si fueran esfuerzos olímpicos y se ánima a la compañera.

Se consigue también luego que un colaborador del hospital explica amablemente técnicas simples para realizar los asuntos anteriores sin lastimarte o frustrarte, aplacando así toda desesperación y sentimiento de inutilidad. Se disfruta de una relajación inmediata que trasmite alivio.

Respiración profunda media: su práctica se inicia cuando se agota la posición cómoda que había alcanzado en la cama, en ese momento una se encuentra inmóvil con el fin de evitar el dolor a tal punto que tratas de respirar concentradamente esperando sea pronta la entrega de medicamentos y todo pase pronto. En su ejecución se suelen cerrar los ojos con el fin de hacer una revisión interior asegurándose que el corazón está en su lugar, pues se sienten fuertes palpitaciones parece se te va a salir y que además de ello se trasladó al sitio de la dolencia.

Respiración profunda alta: inicia luego de la ronde de la entrega de medicamentos, justo en el momento que descubres que por alguna razón el medicamento esperado no llegó. Generalmente explican se debe a un desfase entre la solicitud médica de la ronda de la mañana y el trámite interno con la farmacia. A pesar de la noticia queda el consuelo de que ya viene en camino, lo que da fuerza para respirar y mentalizarse que el dolor se puede soportar manteniéndose la esperanzada que en cualquier instante llegará la medicina y hará más tolerable el dolor.

Respiración profunda nivel Dios: inicia luego de que pasa la ronda el médico en la tarde, justo cuando le dices de la situación de sufrimiento y consultas sobre si sabe algo, a lo que responde, “desde la mañana realice el trámite para que le dieran algo”; y lo miras sorprendida y dices con voz suplicante: “es que no me han dado nada”, inmediatamente se busca dar respuesta por parte del personal hospitalario, se revisa y se escucha: “aún está en trámite en farmacia”. En ese mismo instante y de forma automática se hace una respiración profunda alta repetitiva y te preparas para iniciar la transición a una técnica más potente.

Se resta importancia a la posición que se tiene en la cama, se empieza a sudar frío y se resiste en estado catatónico. Mentalmente se realizan ruegos inacabables a Dios pidiendo que el martirio de la espera termine pronto, puede que una que otra lágrima silenciosa recorra las mejillas. Para aislarse de la realidad, se buscan distracciones como mirar el techo y cerrar los ojos. La única forma posible de reacción es darse cuenta que llega el remedio, de lo contrario se permanece lo más quietecita posible.

Respiración celestial: se inicia inadvertidamente estando en la postura de respiración nivel Dios, cuando una vez apagadas las luces y no haber recibido la medicina caen derrotadas la tolerancia y paciencia. Una no sabe realmente en qué condición está, si se abren los ojos se ve el techo con estrellas; si se cierran, todo está confuso; ya no se escucha a nadie, el tiempo no existe y se entra en un estado de divagación entre el alma y el cuerpo, se conversa suplicante con los santos y ángeles de Dios para que intercedan y ayuden en la necesidad. 

Han trascurrido 24 horas sin medicina para el dolor, se escucha el inconsciente repetir con vocecilla cada vez profunda “ya falta poco, ya casi llega resiste”. Cuando se piensa que todo está perdido, se ilumina la habitación y se vislumbra borroso el momento culmínate donde el medicamento es aplicado, puede sentirse como entra al torrente sanguíneo uniendo nuevamente el alma al cuerpo. Se realiza una respiración profunda baja como signo de que concluyó el martirio de la espera del trámite de la medicina. Inicia el anhelado descanso.

Agradecí infinitamente el esfuerzo de los antepasados griegos por la creación del hospital, al cual puede acudir para atender la dolencia; también la preparación de mi abuelo en inventivas de respiración y, el refinamiento de las técnicas a los especialistas. No obstante, he de confesar, en algún momento ya sucumbida mi paciencia, sostuve lo que podría llamar una “discusión interna genealógica”; el abatimiento hacia que los decires de mis abuelos deambularan por mi subconsciente, irremediablemente luego de algún tiempo, entre una y otra respiración fue imposible no escuchar aquel grito silencioso desesperado “¡hay Tatica Dios, con todititos los diablos, cuando traerán los medicamentos de la farmacia! “.

Los espero en la próxima para continuar con la historia….

Última actualización: 24/10/2022