Del cafetal al concreto: transformación del paisaje y amenaza a la vida silvestre en el cantón de Grecia
La transformación del paisaje que está experimentando el cantón de Grecia es una de las más aceleradas de todo el país. Este cambio implica el reemplazo de los tradicionales cañaverales y cafetales por condominios, urbanizaciones, residenciales y empresas —tanto del régimen de zona franca como fuera de él— que se están estableciendo en este cantón.
A simple vista, esta transformación puede parecer positiva. Para muchos, representa una bendición: la promesa de nuevas fuentes de empleo y la llegada de personas con alto poder adquisitivo que dinamizan la economía local. No obstante, este fenómeno implica una serie de variables que no pueden ser ignoradas. Entre ellas, destaca la necesidad de ampliar las capacidades de la infraestructura y los servicios básicos. Resulta urgente pensar en una ampliación del hospital actual o incluso en la construcción de uno nuevo, dejando el existente como hospital geriátrico regional. Asimismo, se requiere fortalecer el sistema educativo, mejorar la seguridad ciudadana, crear espacios públicos como parques urbanos y, por supuesto, mejorar la movilidad, tanto con nuevas vías como con sistemas de transporte más eficientes.
Pese a que se habla mucho del auge empresarial y de proyectos viales como la ampliación de la Ruta 1 y sus intercambios, poco se dice —y menos se hace— en relación con los demás desafíos que este crecimiento acarrea. Sin embargo, no me detendré en esos aspectos, pues hay personas con más conocimientos y autoridad para abordarlos. Me enfocaré en uno que suele quedar al margen: el impacto ambiental de este desarrollo, especialmente sobre la flora y la fauna silvestres, que no tienen voz ni forma de defenderse.
La ausencia de voz para la naturaleza ha hecho que quienes toman decisiones —tanto desarrolladores como autoridades locales y nacionales— minimicen su importancia dentro del modelo de desarrollo. Pero no se trata de cualquier modelo, sino del desarrollo sostenible, al que Costa Rica ha apostado desde hace más de tres décadas. Es importante recordar que este se basa en tres pilares fundamentales: el crecimiento económico, el bienestar social y el respeto por la naturaleza y el medio ambiente.
A estas alturas, deberíamos estar hablando de desarrollo regenerativo, un modelo aún más ambicioso. Mientras el desarrollo sostenible busca no causar daño, el desarrollo regenerativo va más allá: propone restaurar y recuperar hábitats, ecosistemas y especies que han sido degradadas por la actividad humana.
Contrario a lo que muchos piensan, los cafetales y cañaverales no son simples “desiertos verdes”, como algunos desarrolladores los han calificado. En realidad, constituyen agroecosistemas, es decir, espacios agrícolas que coexisten con diversas formas de vida silvestre. Esto ha sido comprobado mediante la instalación de cámaras trampa en varios sectores del cantón, como parte del proyecto Primates de Grecia. Gracias a esta iniciativa, se ha logrado documentar la presencia de una amplia diversidad de mamíferos: venados, zorras grises, pizotes, mapaches, osos hormigueros, grisones, coyotes, zorros pelones, conejos, armadillos, ardillas, e incluso, pumas.
En cuanto a las aves, gracias a los conteos sistemáticos realizados por organizaciones como FUNDEMA-PP, Primates de Grecia y el Corredor Biológico El Achiote, se han identificado más de cien especies. A esta riqueza debemos sumar también la diversidad de reptiles, anfibios e insectos que aún habitan en estos agroecosistemas.
El problema radica en que, en la mayoría de los proyectos de cambio de uso del suelo, la vida silvestre y la vegetación nativa no han sido tomadas en cuenta. Árboles grandes y maduros —auténticos sumideros de carbono— están siendo arrasados sin contemplaciones. Su pérdida no solo interrumpe años de captura de dióxido de carbono, lo cual es vital en la lucha contra el cambio climático, sino que también rompe la conectividad entre hábitats, destruye corredores biológicos y elimina lugares de refugio y alimentación para muchos animales.
La desaparición repentina de la vegetación obliga a la fauna silvestre a desplazarse. Por eso, cada vez es más común ver animales silvestres cerca de nuestras casas, en las carreteras o tristemente atropellados por vehículos. Esta transformación sin planificación ambiental pone en peligro no solo la biodiversidad, sino también la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras.
Como medida compensatoria urgente, proponemos la creación de una reserva natural en las partes bajas del distrito de Tacares, que funcione como refugio para la fauna silvestre desplazada por el desarrollo urbano e industrial. Esta propuesta se complementa con la creación de parques urbanos en sectores estratégicos como Puente de Piedra, en las cercanías de las fuentes Amelia y El Patal, y en las inmediaciones del Polideportivo Griego, entre otros sitios que pueden servir como puntos de conectividad ecológica entre los fragmentos de bosque aún existentes, de esta manera también fortalecemos los esfuerzos de conservación que se hacen desde el Corredor Biológico El Achiote; además de la recuperación de las orillas de ríos y quebradas donde la vegetación ha sido eliminada.
Asimismo, es imprescindible establecer una reglamentación municipal que imponga restricciones al cambio de uso del suelo. Esta normativa debe asegurar la protección de árboles de alto valor ecológico, no solo por su especie o edad, sino por su función como hábitat, refugio o fuente de alimento para la vida silvestre.
Otra medida que estamos impulsando es la instalación de pasos de fauna en aquellos puntos donde se ha documentado el tránsito frecuente de animales silvestres, con el fin de reducir el riesgo de atropellos y facilitar el desplazamiento seguro entre hábitats. En casos donde se determine que el cruce representa una amenaza significativa para la vida de los animales —por ejemplo, cuando del otro lado solo hay muros, mallas o entornos hostiles—, proponemos la colocación de barreras físicas que impidan el paso, evitando así que los animales queden atrapados o mueran.
Desde nuestra organización, no hemos sido enemigos del desarrollo, pero tampoco el desarrollo debe ser enemigo de la naturaleza. Si queremos un futuro habitable y justo, debemos construirlo con respeto y responsabilidad. Grecia aún está a tiempo de marcar la diferencia y convertirse en un modelo de desarrollo regenerativo. Pero para lograrlo, necesitamos voluntad política, compromiso ciudadano, especialmente de los desarrolladores, y decisiones valientes que pongan en el centro a la vida, toda la vida…
Última actualización: 23/07/2025







