El pecado de la omisión
La Biblia dice en Santiago 4:17 “al que sabe hacer el bien y no lo hace les contado como pecado”.
A éste es el que podemos llamarle el pecado de omisión. Por definición, según dice el diccionario de la Real Academia Española, omitir se define como: “abstención de hacer o decir”. También “falta por haber dejado de hacer algo necesario o conveniente en la ejecución de una cosa o por no haberlo ejecutado”. Aunado a esto, también lo define como: “flojedad o descuido de quien está encargado de un asunto” y finalmente como: “delito o falta consistente en la abstención de una actuación que constituye un deber legal, como asistencia a menores incapacitados o a quien se encuentre en peligro manifiesto o grave”.
Con solo las múltiples definiciones que vimos anteriormente, nos damos cuenta que estamos ante una falta grave pero, que a pesar de ser tan importante, las personas e instituciones suelen pasarla por alto con facilidad.
Día a día cometemos este pecado cuando por ejemplo vemos a alguien hambriento y le negamos alimento, cuando nos constatamos que alguien está haciendo asaltado y ni siquiera buscamos un policía, parece que es más fácil hacernos “de la vista gorda” que actuar.
Enfoquémonos en cosas más pequeñas, por ejemplo saludar y preguntarle si se encuentra bien a una persona que evidentemente se ve atribulada, ayudar a un anciano en sus quehaceres o simplemente servirle de compañía, limpiar el jardín de una persona discapacitada entre otros; lamentablemente parece que la mayor parte de la humanidad ha levantado un estandarte que cuelga de su cuello con la frase: “¡No es mi problema!”, lo curioso es que sí lo es, porque si no somos parte de la solución, somos parte del problema, causantes por omisión del mal que aqueja.
Y si esto no fuera poco, en ocasiones nos mentimos a nosotros mismos conformándonos con un gesto caritativo al mes, como para cumplir la cuota cuando ser soporte social es cuestión de todos los días.
Martin Luther King dijo: “el final de nuestras vidas comienza el día en que nos volvemos silenciosos sobre las cosas que importan”.
Ver injusticias y callar por temor a represalias es pecar por omisión, es adaptarse al mecanismo manipulativo de quienes quieren dirigir la sociedad con barras de hierro y cadenas.
Nunca temas hacer lo correcto a pesar de que no pecar de omisión te vuelva la persona más impopular de la zona.
De igual manera, este mismo popular autor dijo en otra ocasión refiriéndose a este mismo tema: “No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena” y curiosamente el decir de muchas personas es: “yo soy buena persona, no me meto con nadie, no hago nada malo, no molesto a nadie, etc. ¿Será que tampoco hace nada bueno por nadie? Si es así, no es tan bueno como crees serlo.
Siempre hay algo bueno para hacer, saltan en nuestra vida oportunidades a diario, ni siquiera tenemos que ir a buscarlas lejos.
Nunca peques por omisión y como dice Eclesiastés 9:10: “todo lo que te viene a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas, porque en el Seol [tumba] a dónde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”.
Última actualización: 27/07/2022







