En estos tiempos la mayoría de las personas piensan, pero no son consecuentes
Es una época ahogada en las contradicciones. El mal uso de la tecnología, el empleo indebido del capital, el esconder la ética cuando de beneficios personales se trata o bien, el esbozar la problemática política de un Estado, denunciar actos de la corrupción, lanzar vómitos ideológicos y discursos vacíos, es para desgracia, una temática que desnuda al hombre y a la mujer del siglo XXI. Desnudez que solo sirve para engañar y engañarse.
Los hombres y mujeres de hoy, no conocen en realidad en que terreno están parados y si lo saben, poco les importa.
Es una generación a la que poco le importa que los avances técnicos y tecnológicos, sea un utensilio para un uso de control absoluto, de cada ciudadano.
Qué los jóvenes se pierdan en basura que inyectan al internet para ahogar en la ignorancia absoluta a las nuevas generaciones, aislando a la juventud de su sentido de responsabilidad bajo la guía de la actual generación adulta, se valora como una norma y desde esta perspectiva, preocuparse por su entorno político se valora como un acto pasado de moda.
¿Quién tiene la culpa?
Se puede señalar a muchos, pero el modelo de ciudadano y Estado, tiene su origen en la misma sociedad.
Esa comunidad nacional ha decidido caminar al lado de quienes tienen el poder político. Ha estado dispuesta a experimentar las más fatídicas desigualdades a pesar de sus berreos, apoyan discursos que hieden, apoyan proyectos de tan solo tinta y papel, surgidos como fruto de mentes perversas y falsas.
Estamos ante una comunidad nacional dispuesta a practicar el canibalismo político y se han integrado a la lucha por devorar, por destruir, por amasar, por humillar, por pisotear e incluso, muchos han aceptado como realidad su condición de desheredados.
Duele reconocerlo, pero estamos ante un pueblo que mayoritariamente ha sido capaz de crear mecanismos que permiten y facilitan jugar con la dignidad humana y claudicar como individuo solidario.
Hoy en día los hombres y mujeres en edad activa, han sepultado la libertad como ciudadanos, como padres y madres, como seres políticos para, replegarse ante unos pocos que se acostumbraron a robar las entrañas de todo aquel que por voluntad la entregue o bien, a arrebatarla de las manos del que se interponga en su camino.
Los tugurios, las grandes mansiones ahogadas en la opulencia de sus ocupantes, los comerciantes del vicio, los progenitores de la guerra, los manipuladores de los sistemas educativos, del sistema monetario, del sistema financiero, son un ejército pequeño, pero con las herramientas necesarias para controlar a los descontentos y los revolucionarios de "pacotilla".
Existe poco interés por retomar la conducción del Estado con el objetivo de orientarlo por caminos de una adecuada equidad. A nadie o casi nadie le interesa cuestionarse con seriedad y madurez, en qué consisten cosas tan elementales como los derechos y los deberes, pues las mayorías parece no querer disfrutar de una libertad plena, real.
Estamos ante una sociedad, que ve mejor futuro en la indiferencia, en los excesos de todo y en una creencia maquiavélica de que, los enemigos y corruptos, algún día cederán por obra divina, ante las aspiraciones de justicia y libertad de los pueblos.
Última actualización: 10/03/2023







