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Instintos asesinos

Luis Castrillo Marín / Periodista y Politólogo, UCR |
Instintos asesinos

Un documental de la plataforma de streaming Netflix relata la tumultuosa vida de Donald Trump quien, como es sabido, estuvo a punto de quedar fuera de la carrera presidencial de los Estados Unidos si un tirador hubiera tenido éxito cuando disparó contra el magnate de Nueva York el pasado 13 de julio en horas de la tarde durante un mitin en Pensilvania.

En la vídeo producción de marras apenas en el inicio, Trump lanza una de sus tradicionales peroratas: “este mundo está formado por gente con instintos asesinos y sin instintos asesinos”. Acto seguido empieza a “racionalizar” el viejo discurso del “self made man” muy propio de la mitología popular de la Unión América.

Lo irónico del asunto consiste en que esas alabanzas a quienes portan a flor de piel sentimientos favorables al homicidio forman parte del mismo grupo de donde parece haber salido el joven que de un plomazo le perforó la oreja derecha al político republicano.

En pocas palabras si la lógica trumpiana fuera correcta y llevada al extremo, para ser exitoso quien apretó el gatillo del fusil AR15 tenía que culminar su misión acostando para siempre al expresidente porque los “instintos asesinos” marcan, según él mismo Trump, el punto de inflexión entre un ganador y un perdedor.

No cabe duda de que el hombre es amo de lo que calla, pero esclavo de lo que dice. 

Las palabras del aspirante a ocupar la Oficina Oval de la Casa Blanca, en caso de ganar las elecciones estadounidenses en noviembre próximo, forman parte de un discurso que en los últimos años ha venido ganando terreno impulsando por sectores ultraconservadores que, en lo fundamental, parten de una visión maniquea e hiperbólica que reduce el origen de complejos problemas sociales (pobreza, migración, violencia social, etc, etc) a una lucha entre formulas “buenas” y “malas” repitiendo hasta el cansancio frases y “conceptos” retóricos para el consumo de la masa, pero sin asidero teórico o empírico.

Aquí mismo en Tiquicia escuchamos ese tipo de disparates a cada rato. Cuando solamente habían pasado unas pocas horas del lamentable atentado contra Trump un diputado -que siempre hace gala de su fanatismo religioso- culpó a la izquierda internacional de ese intento de asesinato, poquito le faltó para decir que era responsabilidad de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que ese país haya dejado de existir hace un poco más de tres décadas no importa, es lo de menos. Lo fundamental es construir una narrativa vendible.

Que el ya casi candidato del Gran Old Party alabe “los instintos asesinos” como una medida para determinar el camino hacia la cima resulta aún más paradójico viniendo de una persona que nunca prestó servicio militar valiéndose de todo tipo de excusas y triquiñuelas.

Nunca combatió ni contra un enemigo de trapo. En lugar de sostener un arma en medio de la selva de seguro estaba jugando golf en un apacible campo de La Florida.

Última actualización: 17/07/2024