La caída.
Camina el sol sobre las olas,
mece sus hijos de agua,
siembra los surcos de amapolas
allá en el horizonte.
Por lo que fue una línea
de abismos en la tarde,
llena de nubes y de infiernos,
se le hunde ahora su faro reluciente.
Redondo y tembloroso,
me dice adiós, hasta mañana.
Y yo le digo que no. No me despido.
Yo seguiré la luna tras de ti,
y pecaré con ella porque tú
me has eclipsado el día,
y me has dejado sin dios.
Y yo implorándote minuto a minuto,
y tu te has ido muy soberbio e imponente
¿Y mis hermanos y mi familia?
Todo los has negado tras de ti,
y yo no sé aún si habrá mañana,
y yo no sé si habrá dios entre la tarde,
y yo no sé si vendrás
tan soberbio e imponente,
o si vendrá un hombre
humilde entre tu cuerpo,
y me abrigará de día y de noche,
como requiere la dureza
y la dulzura de la vida.
Por eso, no te vayas Sol,
y quédate conmigo a caminar...
los últimos momentos de la vida.
Última actualización: 02/08/2021







