¿Te acordàs mi viejo amigo, de los diciembres de infancia, Cuando el viento al veroliz, le esparcía su fragancia?
¿Te acordàs mi viejo amigo,
de los diciembres de infancia,
Cuando el viento al veroliz,
le esparcía su fragancia?
Y del cafeto maduro,
recogido en la cajuela,
había dinero seguro,
pa uniformes de la escuela.
De aquel pasito adornado,
con figuritas gastadas,
que con amor engarzado,
la abuela tanto cuidaba.
Aquel fogón encendido,
con sus tamales hirviendo,
la cafetera en chiflidos,
el aguadulce ofreciendo.
Las risas de tu abuelito,
narrando sus navidades,
rezando ante el portalito,
que le heredaron sus padres.
No había regalos suntuosos,
apenas si algún estreno,
y en sentimientos hermosos,
se aguardaba el año nuevo.
No había Colachos gorditos,
ni renos trineo halando,
ni lujosos arbolitos,
o blanca nieve adornando.
Tan sólo tres figurillas.
que en su humildad nos narraban,
cuando Dios entre penurias,
el cielo nos alcanzaba.
Y en un pesebre sencillo,
a todos nos racordaba,
que en la humildad de aquel niño,
la salvación regalaba.
Que hermosa sería la vida,
si el hombre bien comprendiera,
que en el pesebre aquel día,
el cielo besó la tierra.
No quiso Dios pa su Hijo,
los lujos o los honores,
lo hizo igual a nosotros,
en necesidad y dolores.
Pa que el mundo comprendiera,
que no hay gloria en la riqueza,
sino en el alma sincera,
De quien Dios es su fortaleza.
Última actualización: 04/12/2025







