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Tiempo guardado

Carlos Morera Mesén /Taller Literario Poiesis San José, Costa Rica. |
 Tiempo guardado

Ven amada, acompáñame a la mesa,

vengan hijas, hijos.

 

Tomaremos la buena nueva.

Repasar los montes, cercarlos, confundirnos en el verde,

dejarnos ir livianos, vencidos 

por el viento rasgado. 

Repensarnos festivos, de cosecha,

y tomarnos  el café propio

con el pan aparecido en tu mano.

Mano de madre mineral,

mano hecha en tus ojos,

en tus noches lánguidamente lácteas.

Madre  sin mancha.

 

Mirarnos y sentir 

que hubo un ayer,

y que luego juntamos  trasparencias

en un sueño de arcillas, 

de alfareros del delirio, 

y que en las noches juntos 

fuimos  ciertos.

Que compartimos soles alambrados, 

el aire atónito en los cuartos,

las aguas sumisas 

el techo vernáculo.

 

El tiempo nos lo hemos guardado 

a cielo abierto en el pecho,

encantado,

sin asidero al olvido.

Vamos a tomar la buena nueva.

Ven amada, vengan hijos, hijas.

 

¿Se acuerdan  cuando deteníamos

todo el día en la llave de los baños?

No nos equivocamos.

No había tiempo que perder.

Nos mirábamos desde los ojos

buscándolos entre lo más recóndito todos los detalles,

para así no olvidarnos luminosos,

...para reconocernos siempre.

 

Ya luego me vinieron al hombro

las hojas del bronce inevitable,

y aprendimos a hablarnos 

con la liviandad del perdón.

 

Entonces La Paz vino abanderada,

serena y blanda, de nacientes.

Por  entre el suave sudor iluminado,

desde la piel ya sabia, quebradiza.

 

 Y ya cuando de viaje me vaya

hasta los acantilados del humus,  

y así me desentienda  de todo,

volveré hasta esta mesa 

pausado y libre, 

y me enredaré en tu pelo con leve frío,

en el aluvión de los pájaros, 

y seré el frescor de la mañana

y la humedad plantada de la tarde. 

 

Y aún me reconocerás

porque sí me aprendiste,

en la mirada fulminante de ayer,

y en el alimento que compartimos 

en esta mesa,

... para reconocernos siempre.

 

Acompáñame esposa, vengan hijos.

Miremos juntos finalmente 

aquella apuesta por los vinos,

y que ese niño que juega 

con el aro de  mercurios,

ceda su anaranjado bajo,

cediendo así

el limítrofe gozo 

del tránsfuga al poniente. 

Y que  la ciudad recién vencida, 

oscura comience a marcar soledades,

con sus talentos de lumbre.

Vengan 

con la mirada en festival.

Viviremos juntos un rato, 

nuevamente.

Última actualización: 18/02/2022