Yo me bañé en el río en que el diablo construyó un puente
Fue en el año de 1957, un año muy triste porque mi Mamá murió, ante ese doloroso hecho Papá nos mandó a mi hermano Adriano y a mí a vivir unos meses a la casa de nuestra tía Teresa Vargas, en Rincón de Salas de Puente Piedra de Grecia.
En ese tiempo era muy común para los niños caminar por todo lado sin ningún temor, como ir a los potreros, a los cafetales y cañales a buscar frutas, como guayabas, naranjas, mangos, guapinol, guabas, y también no podía faltar ir a bañarse en las pozas de los ríos.
Precisamente Adriano y a mi nos gustaba mucho ir a bañarnos a la poza que estaba debajo del Puente de Piedra que construyó el diablo con motivo de una apuesta que hizo con un vecino de Rincón de Salas.
Esa poza del Río Poró era muy segura, de aguas cristalinas, poco profunda, sin corrientes, no era un peligro para que se bañaran niños de 9 y 7 años como era el caso de mi hermano y el mío.
Recuerdo que estando dentro de la poza observé un hueco redondo en la estructura del puente, mi curiosidad me llevó a preguntarle a tía Teresa qué por qué había ese hueco en el puente.
Me contó que ese hueco era donde el diablo debía colocar la última piedra para terminar la construcción del puente antes de que cantara el gallo y así ganar la apuesta al vecino de esa región y poder llevarse su alma al infierno.
Al enterarme de semejante historia como niño me dio mucho miedo y jamás volví a bañarme en la poza del río en donde el diablo construyó el puente de piedra, porque temía que el diablo en un ataque de ira llegara al puente a ver a quien se llevaba y desquitarse con otro el haber perdido la apuesta por culpa del canto del gallo antes de concluir la construcción del Puente de Piedra.
Última actualización: 19/09/2024







